“En la Universidad de Chile entendemos el acceso al arte y la cultura como un bien público y reafirmamos nuestro compromiso al compartir ampliamente la excelencia artística de nuestros elencos patrimoniales”. Con estas palabras, la rectora Rosa Devés invitó a la ciudadanía al concierto gratuito “Carmina Burana”, que se realizará el próximo 17 de enero a las 19:30 horas en el Estadio Nacional.
Este gran hito promete repetir el impacto de su primera edición, cuando el año pasado la Casa de Bello reunió a más de 35 mil personas con la presentación de la Novena Sinfonía de Beethoven en el coliseo de Ñuñoa. Y, nuevamente, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile y el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, se busca relevar la importancia y la potencia de las artes para destacar el valor del encuentro social.
Estrenada en 1937, “Carmina Burana” es una cantata escénica del compositor alemán Carl Orff que ejemplifica su búsqueda experimental por crear una “músicalidad elemental”. Un lenguaje esencial y primitivo que, según su creencia, todo humano posee. Más allá de melodías muy desarrolladas o armonías complejas, articuló su composición con sonidos básicos y patrones rítmicos sencillos que le valieron la aceptación y el disfrute general del público, impactando profundamente en la cultura contemporánea.
“La música elemental no es una música sola: está acompañada de movimiento, danza y lenguaje. Es una música que debe ser creada por cada persona”, aseguraba Orff. Un claro afán por el sentir colectivo, que hoy toma más importancia que nunca, en medio de contextos sociopolíticos de alta polarización, división social, amenazas a los derechos humanos e incluso a la autodeterminación y la soberanía popular.
Actividades como estas son instancias que derriban barreras culturales, reuniendo a miles de personas en torno al lenguaje universal de la música. El hecho de que instituciones públicas (como el canal TVN) colaboren con la emisión abierta para todo el país marca la impronta de un trabajo colectivo por la convivencia y la fraternidad ciudadana, a través de las artes.
Esta misión cobra un sentido aún más especial si nos remontamos a la década de los 70, cuando el músico y político venezolano José Antonio Abreu creó el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. Su inspiración fue la visión innovadora del chileno Jorge Peña Hen, quien promovió la música como herramienta para el desarrollo y la transformación social, fundando en La Serena la primera orquesta infantil de Chile y Latinoamérica. Un virtuoso ejemplo de hermandad artística latinoamericana.
Así, cuando los Estados, las ideologías y los poderes fácticos amenazan con la desintegración del tejido social de sus pueblos, resulta imperativo recordarnos la capacidad histórica y presente de la cultura para recomponerlo. Y en un momento en el que los relatos distópicos del pasado, como “1984” y “El cuento de la criada”, se sienten peligrosamente cercanos, vale la pena compartir una reciente reflexión de la cineasta argentina Lucrecia Martel:
“¿No será que la profecía genera el cumplimiento? Yo propongo que consideremos con el cine, con la literatura, con el teatro, inventar el futuro para que dentro de 100 años las cosas estén un poco mejor. Nosotros tenemos la responsabilidad. Y la maravilla de nuestro trabajo es inventar el mundo”.