“Me gusta más la palabra construcción que la palabra arquitectura. ¿Por qué la palabra construcción? Porque es más abierta y permite que distintas disciplinas o distintos oficios se integren en esta palabra”, confesó Smiljan Radić en el festival Puerto de Ideas 2017. Su declaración resuena con una obra arquitectónica que se distingue por la preocupación detallista con que habita sus entornos y también por la particularidad con que elige sus materiales.
En un escenario urbano donde priman los rectángulos grises en altura y se otorga más importancia a la cantidad que a la calidad, los edificios de Radić no pasan desapercibidos. En ellos se altera el orden de estos valores: se abre paso a la experimentación y a la contemplación. Así se sienten obras como la renovación del Centro Cultural NAVE, donde una carpa circense en su azotea promueve la integración de las artes vivas; o la ampliación del Museo Precolombino, que incorpora el uso de la luz como una nueva propuesta museística.
A pesar de no clasificarse como artista, sino como un “arquitecto puro y duro”, pareciera ser que —tal y como deslizó The New York Times en 2014— su obra es galardonada por «recordarnos que la arquitectura es un arte». Su impacto en la disciplina se hizo todavía más evidente con el reciente recibimiento del Premio Pritzker 2026, popularmente conocido como el “Nobel de la arquitectura”, en el que el jurado destacó que, en sus proyectos, “la construcción se convierte en una forma de narración, donde la textura y la masa tienen tanto significado como la forma”.
Y este prestigio se recibe con tanto honor como sorpresa. Por un lado, evidencia una vez más que la creación artística en Chile se encuentra más viva que nunca y extiende cada vez más sus alcances vanguardistas. Desde un pequeño país latinoamericano que instala voces literarias eternas, proyecta potentes imágenes cinematográficas y, ahora también, repiensa la arquitectura con identidad propia.
Por otra parte, explica de alguna forma la consolidación de una escena local en el exterior y la importancia de tener presencia latinoamericana allí para dirigir la mirada hacia nuestros territorios. Incluso cuando Radić creía difícil obtener este premio tras el reconocimiento de Alejandro Aravena como el primer chileno en recibirlo en 2016, su colega y actual presidente del jurado advirtió que su arquitectura “es de una contundencia tal que el premio era casi inevitable. Pocas veces se encuentra una obra que arriesgue tanto, que sea tan inédita y que, a la vez, sea tan obvia una vez que está hecha”.
Sin embargo, sus obras no siempre han sido comprendidas ni por la crítica especializada ni por la ciudadanía. Como sucedió con su debut en el famoso evento londinense Pabellón Serpentine, cuyo diseño estuvo a su cargo en 2014, y en el que presentó una plataforma cilíndrica semitranslúcida. Una estructura calificada casi unánimemente como “extraña”, aunque también considerada una de las mejores hasta esa fecha.
Sin ir más lejos, en Chile proyectos como el del “anti-Teatro” Regional del Biobío o la estructura inflable que instaló frente a La Moneda provocaron reacciones mixtas. Más allá de la imposibilidad de cumplir con las expectativas de todos, estos cuestionamientos permiten plantear preguntas como: ¿Por qué parece que el reconocimiento de la creación nacional siempre se da primero desde afuera? ¿A qué lugar estamos relegando hoy la experimentación en la producción de conocimiento y en la exploración sensorial? O incluso, ¿por qué estos ejercicios creativos todavía no permean las maneras en que habitamos el mundo?
Sin duda, construcciones como el restaurante Mestizo o la bodega Viña VIK en Millahue tienen mucho que aportar a estas discusiones. Su edificación, basada en principios alejados de la uniformidad y adaptados a las particularidades de sus entornos culturales, permite relevar la importancia de una nueva escala frágil y sensible: la escala humana.
Sobre la posibilidad de aplicar estas ideas a la organización de una ciudad con déficit habitacional y que levanta justas demandas por la vivienda digna, en 2023 Radić dijo: “no solo la calidad material te asegura una buena vivienda, ahí es donde entra el diseño. Pero para eso necesitas salirte de ciertos márgenes impositivos. El gobierno no lo puede hacer en términos generales, pero sí lo puede hacer en términos porcentuales menores. Hay una cuota de experimentación que no existe y que debería existir, sobre todo de arquitectos jóvenes. En vivienda se puede hacer mucho, y se puede hacer con el 1%”.