En época electoral y de próximo cambio de mando, es notorio el aumento de las discusiones sobre qué propuestas son mejores que otras para el país. Y a pesar de que las artes suelen quedar relegadas en los focos de atención que se llevan temas como seguridad, salud y crecimiento económico, su importancia —ya lo decíamos antes— no es menor porque los atraviesa a todos ellos en el campo de la “batalla cultural”, en donde el sentido y los valores toman protagonismo.
Por eso, no deberíamos desatender que “la violencia intrafamiliar no es tolerable” sea el argumento de la candidata Jeanette Jara para sacar de su equipo al artista urbano Balbi El Chamako, cuando se supo que fue imputado por delitos en contexto de violencia de género. Asimismo, que el grupo Zúmbale Primo anuncie demandar a quienes cancelen sus eventos tras participar del cierre de campaña del candidato José Antonio Kast. Días antes, el conjunto había declarado que no son “ni de izquierda ni de derecha. Nuestro único bando es la música. Y nosotros tocamos por dinero”.
En este escenario crispado, resonó la noticia sobre la canción electoral “Jingle Oficial (Vota 5 Vota Kast)” llegando al número uno de la lista “50 más virales: Chile” en Spotify. Y en paralelo, una campaña se viralizó para que “En un Largo Tour” subiera como espuma en el mismo ranking y le hiciera contrapeso simbólico a la anterior. La primera, de autoría del candidato del Partido Republicano, describe sus virtudes y proclama: “Chile se levanta, vamos a ganar. Porque Chile quiere un cambio radical”. La segunda, de la histórica agrupación Sol y Lluvia, invita a viajar “por Pudahuel y por La Legua. Y verías la vida tal como es”.
Estas diferencias también fueron marcadas por ciertos referentes como Pablo Chill-e y la cantante Akriila, quien tras los resultados de la primera vuelta usó sus redes sociales para recordar que “el arte siempre ha sido político” y con ello instar a sus colegas a posicionarse públicamente sobre las candidaturas. “Tienen miles de seguidores; la mayoría son jóvenes. Ocupen su plataforma, ¿o les da miedo un unfollow?”, concluyó.
Más allá de las anécdotas musicales y virales que animan el último tramo de la carrera presidencial, lo que asoma con fuerza es la evidencia de que arte y política nunca han vivido en compartimentos separados. Para entender la incidencia directa que tienen las políticas públicas sobre las artes y las artes sobre la política, es importante analizar el contexto actual. Uno en donde el Congreso puso en tela de juicio el financiamiento para los sitios de memoria de la dictadura o programas como el Pase Cultural, que fueron aprobados a última hora.
¿Qué mensajes estamos gritando cuando dejamos la voz en los conciertos de nuestros cantantes favoritos? ¿Escriben estos músicos únicamente sobre experiencias individuales o también comparten sentires colectivos? Aunque muchos artistas declaren no tener bando, en definitiva, los mensajes y decisiones políticas impactan en nuestra cultura y las expresiones artísticas influyen en la discusión pública, desde donde, finalmente, se escribe la política.