La Cuenta Pública confirmó algo que el presupuesto ya había anunciado: para el gobierno actual, la Cultura ocupa menos del uno por ciento de las prioridades nacionales. Un análisis rápido del discurso pronunciado por el presidente José Antonio Kast este domingo en el Congreso Nacional así lo demuestra. Durante cerca de dos horas y media de alocución, apenas un par de minutos estuvieron dedicados al sector cultural. La coincidencia en los números es llamativa, mientras el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio representa apenas el 0,56% del presupuesto nacional, las referencias al sector ocuparon alrededor del 0,8% del discurso presidencial.
¿Qué se dijo sobre Cultura? No hubo anuncios sobre bibliotecas, museos, formación artística o industrias creativas. Nada se mencionó respecto al 9% de recorte al Ministerio de las Culturas, ni tampoco hubo referencias a las instituciones y programas afectados por el ajuste presupuestario. Las escasas referencias a la Cultura estuvieron atravesadas por un mismo hilo conductor: la idea de recuperación. Recuperación de la autoridad, los espacios públicos y el patrimonio.
Por una parte, el Presidente respaldó explícitamente al ministro Francisco Undurraga tras los abucheos que recibió durante una función de La pérgola de las flores en el Centro Cultural CEINA. “Nunca más queremos ver que alguien insulte a una autoridad cuando va a un acto público de cultura”, afirmó.
Además, Kast se declaró orgulloso de la participación masiva en el Día del Patrimonio y, en esa línea, anunció el Plan Nacional de Recuperación, Limpieza y Puesta en Valor de Monumentos y Espacios Públicos. Una iniciativa que busca «reparar el daño acumulado en los centros históricos y devolver a la ciudadanía espacios dignos, seguros y con identidad”.
“A los parlamentarios les pregunto, ¿qué sienten cuando vienen bajando hacia Valparaíso y ven todos esos graffitis, en locales vacíos?”, interpeló el Presidente. Y anunció “queremos convocar a un día, así como está el Día del Patrimonio, al día de poner las manos en el barrio. Y vamos a ir arreglando los barrios, vamos a ir mejorando la infraestructura, vamos a recuperar la cultura y la cultura es cuidar de lo nuestro, es hacernos responsables de nuestros monumentos, de nuestro espacio público, de lo bello que es lo que se ha construido en Chile”.
A lo largo de su discurso, también vinculó el patrimonio cultural con los daños provocados durante el Estallido Social, recordando edificios e iglesias destruidas durante las manifestaciones, para anunciar la creación de un Registro de Vándalos e Incivilidades. Una iniciativa que busca sancionar a quienes dañen monumentos, espacios públicos o infraestructura comunitaria, asociando estas conductas a la pérdida de beneficios sociales como la gratuidad en la educación, la Pensión Garantizada Universal y otros subsidios estatales.
Cabe recordar que apenas unas semanas antes de la Cuenta Pública, el Ejecutivo oficializó el recorte del presupuesto del Ministerio de las Culturas, convirtiendo a esta cartera en la más afectada por la austeridad fiscal y disminuyendo considerablemente al área de patrimonio: el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural pierde $15.382 millones y significativas reducciones en el Fondo del Patrimonio N° 21.045 y el Fondo Concursable del Patrimonio, entre otras inciativas. Por ende, el énfasis que se le dio en la Cuenta Pública a la protección del patrimonio resulta, al menos, paradójico.
Lo que emerge entonces no es simplemente una ausencia u omisión, sino una determinada concepción de la Cultura. Una cultura entendida principalmente como patrimonio material y recuperación urbana, antes que como un espacio vivo de creación, experimentación, pensamiento crítico y participación ciudadana. Si algo estuvo ausente del discurso fueron las artes y la creación artística, y su aporte en ámbitos diversos como la educación, la cohesión social, la convivencia o la construcción de comunidad.
Quizás por eso la proporción entre presupuesto y discurso es tan reveladora. En esta primera Cuenta Pública, la Cultura ocupó exactamente el lugar que el Gobierno parece asignarle: menos del uno por ciento. No se trata de una cifra inédita en la historia reciente del país, pero sí de una administración que, lejos de avanzar hacia las recomendaciones internacionales de fortalecimiento de la inversión cultural, ha optado por revertir los avances presupuestarios alcanzados en años recientes.