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Nury González

Nace en Santiago de Chile, 1960.

Inició sus estudios en el Instituto de Arte Contemporáneo de Santiago, para luego completar su formación en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, donde hoy es Profesora Titular. Su trayectoria artística está marcada por las becas que le han otorgado instituciones como la Fundación Rockefeller y la Fundación J.S. Guggenheim. Ha sido beneficiada en seis oportunidades por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (FONDART) como ejecutora principal, y otros siete como co-ejecutora. Sus obras se encuentran en colecciones públicas y privadas, como The Blanton Museum, Texas, el Museo de Artes Visuales (MAVI) y la Galería Gabriela Mistral. Actualmente es la directora del Museo de Arte Popular Americano Tomás Lago (MAPA) y dirige junto a Alejandra Araya el Proyecto Transversal de Patrimonio Iniciativa Bicentenario IBJGM.

Participó recientemente en la 11ª Bienal de La Habana 2012 con dos obras constituidas por espejos y textos, que incorporan al espectador interpelando su propia imagen. En la exposición “Sobre la Historia Natural de la Destrucción” del 2011 incorporó a su obra el video y la fotografía digital en movimiento, por esta obra obtuvo el Premio Altazor 2013. En la Trienal “El Terremoto de Chile” del 2009, sorprendió con 45 veladores prestados, cada uno con una lámpara encendida.

Su trabajo, con un claro carácter conceptual, se une al planteamiento teórico de otros artistas como Josefina Guilisasti, Pablo Langlois y Pablo Rivera quienes cuestionan el sistema tradicional de las artes plásticas desde los inicios de la década del noventa, experimentando dentro de la búsqueda de nuevas técnicas y medios de expresión, representando a la vez, una continuidad con las expresiones de la vanguardia artística de los setenta.

Durante los últimos años ha realizado innumerables obras—Historia de Cenizas (1998), El Mercado Negro del Jabón(1999), Correspondencias de Mayo(2001), Ficción de un Origen (2006), Mar de Llanto(2007), Los Nombres ( 2007), Sueño Velado (2009), Sobre la Historia Natural de la Destrucción (2011) y Sueño de una Noche de Verano (2012)— todos trabajos que interpelan ciertos relatos, sean históricos o de ficción, que acreditan una tradición autobiográfica de desarraigo, tragedias mayores como la guerra y el exilio y de lo que podría denominar “inestabilidad histórica”. Ha intentado hacer de ello, con el imaginario que supone, un correlato con los procedimientos artísticos, sobre todo con las materialidades de los soportes y con el uso traslativo de prácticas, generalmente femeninas, provenientes del ámbito doméstico. Sus referencias provienen de la búsqueda, del rescate y fijación forzosa de relatos orales apenas audibles, de manualidades hogareñas perdidas, de historias tan heroicas como privadas que fraguaron el momento de la imaginación y cuya naturaleza es ser olvidadas, de algunos documentos de archivo, de frases famosas buscadas en los libros, frases que le indican un sentido verosímil de la dimensión personal. Las fotografías, documentos y objetos atesorados por sus ancestros, que fueron acarreados y desplazados por fronteras hasta llegar casualmente a Chile, le permiten entretejer una memoria y reconstruir o invencionar una historia posible como asimismo, la posibilidad de tener una historia

Su trabajo pretende establecer cruces temáticos, procedimentales y técnicos entre las prácticas que determinan el espacio femenino y particularizado de lo privado y aquéllos discursos y prácticas que se determinan como paradigma del espacio político e histórico de lo público.